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El eco de existir by Evangelina

 Recibí el diagnóstico y mi cuerpo temblaba. Todo se quedó en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido. Las palabras del médico retumbaban en mi cabeza: “fallo renal terminal”. Un eco seco, definitivo. Sentí que el aire se me iba y que mis planes, mis sueños, se deshacían como polvo en el viento. Salí a la calle y todo me parecía distinto. El sol no brillaba igual, los pasos de la gente eran lejanos, como si caminara en otro mundo. No había futuro claro, no había promesas de mañana. Solo una certeza: la fragilidad de cada segundo. Cerré los ojos y, por primera vez, dejé de pensar en lo que no alcanzaría, en lo que me faltaba. Me dije a mí mismo: “no importa el tiempo, no importa el fin, solo existo”. Respiré hondo, sintiendo cómo el aire llenaba mis pulmones, cómo mi corazón aún seguía latiendo. En ese instante, sin pasado ni futuro, descubrí la fuerza de estar presente. Abrí los ojos y, con una calma serena, susurré: “Solo vivo”.

Porque ya lo hice by Jacqueline Romero

                                                                              I La camioneta roja ruge bajo mis manos como si compartiera mi furia. No manejo: arrastro el mundo bajo las llantas. El cigarro arde entre mis labios, y el humo me quema la garganta, pero lo sostengo como si fuera la última chispa de cordura que me queda. En cada bocanada siento un veneno que me despierta más, que me recuerda lo que me hicieron. Jugaron conmigo, con mis ganas, con mi fe. Me lastimó, un ensayo barato de amor. En el retrovisor, mi rostro ya no es el de siempre: es una mueca de odio, de hambre, de sed de justicia torcida. El espejo me devuelve lo que soy ahora: una bestia acorralada que aprendió a mostrar los dientes. ¿A quién estás pensando matar? Me pregunta mi reflejo. Mis armas: una cuerda que descans...

El veneno en el cigarro by Itzanamy

Hoy como cada mañana, me encuentro frente al espejo, mirándome a mí misma con una seguridad que antes no tenía. Después de tantas noches de darle vueltas, por fin estaba decidida a hacerlo. No había marcha atrás. Había pasado días planeando cada detalle y aquella tarde, en una vieja camioneta roja estacionada en la esquina, conseguí lo que necesitaba: un pequeño frasco con veneno. Desde hacía semanas había pensado en cómo hacerlo. Muchas ideas me parecieron arriesgadas o demasiado ruidosas. Pero entonces recordé su costumbre inquebrantable: cada noche, antes de dormir, él encendía un cigarrillo en el mismo sillón de siempre, y lo consumía lentamente, como si fuera parte de un ritual sagrado. No había mejor manera de lograrlo. Bastaría con impregnar el veneno en ese cigarro que dejaba sobre la mesa, listo para la noche. Así, no sospecharía nada. El plan se fue formando en mi cabeza con precisión. Después de que lo fumara, la debilidad lo dominaría poco a poco. Entonces, yo tendría todo ...

La cura by Javier García

Julián siempre había sido un hombre retraído. Casi sin familia, con pocos amigos, se deslizaba por la vida sin llamar la atención. Era el tipo de persona a la que apenas se recuerda después de hablar con ella. Sin embargo, bajo su aparente docilidad, guardaba un odio silencioso hacia los demás, y un desprecio feroz hacia sí mismo por permitir tanto maltrato. Durante años se sometió a las burlas, a los favores forzados, a los desprecios cotidianos. Accedía a todo como si al decir siempre “sí” pudiera acallar el rencor que lo devoraba, un disfraz de amabilidad para ocultar su hostilidad. El doctor García lo llamaba una defensa. —Supongo que sí, doctor. Supongo que sí… Pero la angustia nunca cedía. Llegó un momento en el que la presión en el pecho y el nudo en la garganta lo convencieron de que no había salida. Aquella noche, en su habitación, ató una cuerda al techo e intentó colgarse. El cuerpo se estremeció en segundos, pero el instinto lo traicionó: aflojó el nudo y cayó al suelo, res...

El susurro de Poke

 Paula era una niña de diez años: brillante, bonita y con una curiosidad que parecía no tener límites. Le gustaba jugar a las muñecas, inventar historias de princesas y dragones, o trepar árboles hasta donde sus pequeñas manos pudieran sostenerla. En todas esas aventuras había alguien más: Poke. Un amigo imaginario que, según ella, la retaba a hacer cosas extrañas: correr de manera absurda, saltar sin control, o probar su valentía con juegos cada vez más peligrosos. Sus padres no le daban importancia. “Es normal que un niño tenga un amigo imaginario”, decían. Pero a los diez años, algo en esa normalidad empezaba a quebrarse. Todo comenzó cuando me llamaron, yo, su psicólogo. La preocupación vino después de que Paula intentara matar a su canario apretándolo con ambas manos hasta casi asfixiarlo. Cuando le pregunté el motivo, respondió con calma: —Tenía curiosidad. Quiso sonar inocente, pero en su mirada había algo distinto. Sus enormes ojos azules me atravesaron como agujas frías; s...

Dosis incorrecta by María Fernanda Aguirre

 Gabriel tenía 22 años y vivía con sus padres en una tranquila residencia. Era una familia sencilla, cada mañana, su madre le preparaba un nutritivo desayuno acompañado de su característico licuado de plátano con un “no se que” que lo hacia tan especial. Gabriel… siempre fue diferente, por decirlo de una manera, no tenía amigos, era muy distraído y rara vez recordaba las cosas. Aun así vivía pleno, hasta que su tranquilidad se vio interrumpida hace ya 2 meses, cuando llegó a la residencia la nueva vecina. La señora Sofía, él la describía cómo una bruja, despiadada y horrorosa. Desde su llegada, el ruido comenzó: golpes de muebles en plena madrugada, pisadas pesadas, una radio encendida a todo volumen sin razón aparente. Fumaba cigarro tras cigarro, lanzándole el humo casi en la cara. Como su ventana daba justo enfrente a la de Gabriel, por las noches, arrojaba puñados de tierra dentro de su habitación. Si encontraba la ventana cerrada, no dudaba en cruzar el jardín, abrirla y espac...

¿A quién estás pensando matar? by Yuliana Serralde

 La camioneta roja estaba estacionada frente a la casa, el motor apagado, pero el silencio que irradiaba de ella parecía gritar lo inevitable. En el asiento trasero descansaban un cuchillo, una cuerda y una pala. Todo estaba preparado con una precisión que daba miedo. Xóchitl encendió un cigarro y observó su propio reflejo en el espejo retrovisor. Apenas se reconocía. El rostro endurecido que veía no era el de la amiga confiable y sonriente que todos conocían; era otro, más oscuro, más frío. —Siempre fuiste la favorita —murmuró con resentimiento. Se refería a Amanda, su mejor amiga desde la infancia. La amiga perfecta: bonita, querida, exitosa. Cada logro de Amanda era como un cuchillo que se le clavaba en el pecho, recordándole lo que ella nunca pudo ser. La envidia había crecido lentamente, como un veneno invisible que al final se volvió insoportable. Esa noche, Amanda subió confiada a la camioneta roja. No sospechaba nada, no podía: ¿quién desconfiaría de su mejor amiga? Hablaro...

¿A quién estás pensando matar? by Arturo Vilchis

 Era la una de la mañana en un lluvioso agosto de 2027. En la escena del crimen, se encontraban los restos de un oncólogo recién jubilado yacían apilados en bolsas negras, algunas con dedos, manos, dientes, orejas como si hubieran cortado extremidades de una por una. Su cuerpo mostraba evidentes signos de tortura antes de ser asesinado. Los agentes de policía se encontraban perplejos, preguntándose por qué, de entre todas las personas, la víctima había sido un oncólogo. La pregunta resonaba en sus mentes: ¿qué había hecho él para merecer tal brutalidad? A pocos kilómetros de allí, encontraron una camioneta roja abandonada. Dentro, los investigadores hallaron colillas de cigarro con el ADN del doctor, un cuchillo ensangrentado, una pala cubierta de tierra que coincidía con la del lugar del crimen, cuerdas y en unos de los espejos, una nota escrita a mano: “Pudiste ayudar a todos, pero preferiste verlos sufrir en lugar de sugerir nuevos tratamientos. Al menos ahora sufrirás lo que el...

¿A quién estás pensando matar? by María José

Después de un día cansado en el pueblo, venía de regreso a casa en la camioneta roja. Eran aproximadamente las 9:00 de la noche cuando bajé a la orilla de la carretera a un restaurante de paso, cené unos wafles y tomé un café, mientras pensaba lo miserable y monótona que era mi vida desde hace 11 años. Dejé el pago en la mesa, salí del lugar y me subí a mi camioneta. Antes de partir, prendí un cigarrillo, mientras la flama del encendedor consumía en papel y la nicotina, pude observar a lo lejos, en medio del bosque de la carretera, a esos dos idiotas: estaban atacando a aquel peño e indefenso cachorro que aullaba de dolor, tenían una pala y golpeaban su cabeza con saña, su cara reflejaba un gesto de emoción y adrenalina, gritaban de gusto y se reían con alegría, cómo si no les importara nada. Mientras los observaba que me hervía en las venas como si fuera lava lo que las recorría, la gente que pasaba en sus autos sobre la carretera los ignoraba como si hacer eso fuera una cosa de todos...

¿A quién quieres matar? by Donovan

El Palacio de los Deportes parecía un monstruo vivo aquella noche. Era 1988, y Depeche Mode tocaba por primera vez en México. Las luces rojas y azules atravesaban el humo espeso de los cigarros y el sudor de miles de cuerpos apretados. Yo estaba entre ellos, brincando, gritando, pero mi cabeza no estaba del todo en el concierto. Aunque mi boca repetía Strangelove, mis pensamientos iban a otra parte, a un sitio oscuro. Había una pregunta que no me dejaba dormir desde hacía semanas. Una voz que no era mía, pero que se había instalado en mi mente como un parásito: ¿A quién estás pensando matar? Yo ya sabía la respuesta. Esa noche sería el final de todo. Mi padre estaba afuera, esperándome como siempre, con un cigarro colgando de los labios y esa mirada de desprecio que me atravesaba desde niño. Había venido conmigo solo para vigilarme, para asegurarse de que no me “perdiera en esas mariconadas de música rara”. Nunca soportó mi ropa negra, ni mi peinado, ni la música que escuchaba. Yo era ...

Ecos de un fantasma by Katherine Montoya

Mi camioneta roja estaba frente a su casa, como todas las veces anteriores… aunque habían pasado más de cuatro años. Seguramente estaba más anciano que la última vez; más débil… menos protegido. En el retrovisor, el espejo reflejaba mi rostro cansado, surcado por años de insomnio, miedo y cicatrices emocionales que aún dolían, que nunca se cerraban. Me pregunté si ya se habría dado cuenta de que sus cámaras de seguridad habían dejado de funcionar, en una noche donde se encontraba completamente solo… ¿Ya habría empezado a tener delirios de persecución? Reí para mí misma, recordando todas las veces que me contó que su nivel de angustia era tal que no podía salir sin armas, ni siquiera en sus coches, y que siempre tenía una de respaldo en su recámara principal. El reloj marcaba las 12:45 y toda la cuadra acababa de quedar a oscuras. El tiempo corría y mi corazón latía con tal fuerza que sentía que me dolía el pecho. Dejé mi mochila en el asiento del copiloto, bajé silenciosamente, cubrí m...

¿A quién estás pensando matar? By Mafer Angel

 EL cuchillo se alzaba sobre mi cabeza, mientras todos gritaban, yo sólo podía recordar mis traumas, aquellos que me llevaron a este momento. La bolsa negra en mi mano, aquella en la que guardaba mis juguetes y dulces favoritos, los tenía siempre conmigo, jugando con mi hermano y su camioneta roja que le dieron en Navidad. Nos acompañaba siempre Tommy, nuestro perro fiel que lo llevábamos con una cuerda. Un día, jugando sola en el parque, llegó un hombre quien me ofreció una cometa roja, lo único que yo notaba era su sonrisa y su penetrante olor a cigarro. Intentando huir de él, Tommy se abalanzó para protegerme, y el misterioso hombre lo golpeó con una pala, dejando a mi amigo muerto y permitiendo que yo huyera.  Mientras huía desconsolada, corrí a mi casa con el hombre detrás de mí, tomé el primer cuchillo que encontré y lo maté mientras oía gritos a lo lejos, lo que yo no sabía es que aquel hombre era un familiar.

¿A quién estás pensando matar? by Beto

  Era casi la media noche, no había tantos carros en la carretera cuando Mateo iba de regreso a casa. Había ido de viaje con unos amigos para poder olvidarse de la universidad. Estaba manejando su Jeep roja y fumando un cigarrillo mientras trataba de ignorar aquella carta. Miró por el espejo retrovisor para asegurarse de que nadie lo seguía mientras entraba a la ciudad. Sabía lo que su padre le haría al llegar y ver esa carta de la universidad. "Expulsado", decía, por un pequeño error cometido con una pala y una broma que salió mal. El estrés lo comía por dentro. La angustia se sentía por su espalda como un cuchillo rozando su piel al rojo vivo. No quería vivir eso, no de nuevo. Mateo se detuvo en una ferretería abierta 24 horas antes de llegar a casa. Debía protegerse, debía tener un plan. Compró dos metros de soga y una caja de bolsas de basura negras. Se volvió a subir a su carro y siguió su camino en la noche. Al llegar a casa y antes de bajar del carro, tomo su navaja de...

¿A quién piensas matar? by Astrid

 Y apagué la camioneta. Era la favorita de mi mamá; color rojo cereza que nos recordaba esas intensas puestas de sol. Encendí mi cigarro para sentir esa primera calada de humo espeso recorriendo mis pulmones, y me dispuse, ya más tranquila, a reflexionar sobre el atroz acto que acababa de cometer. Me miré en el espejo sin poder reconocerme; procedí a guardar la pala y la cuerda en la parte trasera de la camioneta. Limpié el cuchillo en mi camisa favorita y saqué la bolsa negra para guardar los restos: los restos de este amor maldito, los restos de estos sueños, los restos de estas palabras dichas y todo lo que quedaba de nosotros. Te maté. Ya no estás más; te guardé y te enterré hasta en lo más profundo. Y, aunque me pese, no me arrepiento. Te vi, te vi de lejos. Siendo realistas, no sé por qué lo hice, pero me pareciste una buena víctima: solo, desorientado, frágil. Así que lo hice. Me llené de valor y simplemente te apuñalé. Aunque no fue mi primera opción, ¿sabes? Lo primero que...

Último día by Astrid

 He vivido con gran libertad, d ecidí mis caminos y acepté mis consecuencias. Bailé cuando mis pies lo pidieron, comí cuando mi panza habló, miré hasta donde mis ojos alcanzaban y dije lo que mi voz pudo nombrar. Fui afortunada. Caminé sin cadenas, h abité cada paso como quien sabe que la vida no se repite dos veces. Pero fallé en algo, mi corazón, sin querer, se cerró. No dije suficientes “te amo”. no abracé con la dicha de quien se reencuentra con su casa. No vi del todo la belleza del cariño ajeno ni cómo, al reflejarse en mí, podía llenar lo que me faltaba. Si tuviera un último día, uno solo, no cambiaría mis caminos, ni mis errores, ni mis bailes al azar. Cambiaría solo esto: amar sin ninguna restricción, sin miedo, sin demora, como quien reconoce que, aun en el último día, el amor tiene sentido. Astrid Aguirre Cuevas

Nada sucede dos veces by Astrid

 La vida, como el agua, tiene que fluir. Algunas personas dicen que el tiempo es circular; pero, tal como yo lo veo, la vida es un río que corre, arrastra y se transforma. Puedes sentir el agua en un mismo lugar, pero nunca será la misma sensación; así como un beso con una persona especial puede parecer idéntico al anterior, pero el corazón que lo delate de manera distinta en cada ocasión. Esta variación tan impredecible es lo que hace a la vida tan frágil y tan valiosa. Cada momento es único e irrepetible; solo podemos vivirlo, sentirlo y dejarlo ir. A veces duele, pero también nos libera; nos obliga a estar presentes, a mirar de frente y a no posponer el alma. En el viaje de la vida, aunque queramos, nada sucede dos veces. Y quizá ahí esté el milagro.

Niña by Gigi

Hace algunos años, cuando era niña, me gustaba ver los atardeceres sentada en el borde de la ventana de mi cuarto. Me imaginaba como se sentiría volar, pasar sobre las nubes, sentir el viento en mi cara. Pero todo se esfumaba cuando me llegaba el olor a cigarro de mi papá, hacía que perdiera mi concentración y relajación. Con ese olor, sabía que había llegado de trabajar y corría a abrazarlo. Sin embargo, aun día no llegó, y sus cosas ya no estaban en la casa, mi mamá nunca supo decirme que pasó, simplemente desapareció. Desde ese día, en lugar de ver por la ventana e imaginar cosas divertidas, solo me asomaba para ver si algún día regresaría mi padre. Un día, mientras me arreglaba frente al espejo, se escuchó un estruendo en la calle, era una carambola de coches, ocasionada por un conductor que parecía ebrio. Él se veía ileso pero algo desorientado, de alguna forma, el conductor era mi padre, no sabía cómo, no sabía porque, ya que en lo que yo sabía de él, nunca aprendió a manejar. Pa...

Mi madre y mi abuelo by Fer Marmolejo

 Mi madre es el fuego que aprendió a arder sin pedir permiso. De ella tengo el filo que abre camino, la voz que no se quiebra cuando se trata de defender lo que ama, la mirada que sostiene los sueños aunque tiemblen. Ella me enseñó a elegir, a decir “hasta aquí”, a poner el cuerpo y el alma por lo que realmente importa. Mi abuelo, en cambio, es la brisa que me acaricia el rostro cuando dudo. De él tengo las manos suaves que escuchan sin hablar, la bondad que no presume, el amor que no exige. Él me enseñó que la ternura no es debilidad, que el cariño también sostiene, que uno puede ser firme sin dejar de ser cálido. Integrar estas dos fuerzas fue como pararse frente al espejo después de una tormenta: ver los ojos del abuelo y la voz de mamá en mi reflejo… reconocer que soy ambas cosas. Que no tengo que elegir entre fuerza o amor, entre decisión o ternura. Que mi sombra ya no me asusta porque sé de dónde viene, y mi luz ya no me deslumbra porque sé quién me la dejó encendida. Hoy sé ...

Nada sucede dos veces by Diana Zavala

 Quiero vivir dos veces mi vida Una para gozarlo y otra para aprenderlo Para besar eternamente a mi mamá Y para tomar mezcal en el bar de alado Quiero vivir dos veces mi vida Para terminar de conocerme Cocinar nuevas comidas Para que nunca dejes de pensarme Quiero vivir dos veces mi vida Para conocer de nuevo a Hunter.

¿A quién estás pensando matar? by Nath Vázquez

 ¿A quién quiero matar? Cruella era una madre que vivía con su pequeña de 6 años. Eran felices viviendo juntas, salían a comer, jugar, pasear y demás Sin aviso ni permiso, un día un extraño hombre toco la puerta, un hombre de 1.70, Cabello obscuro, bien vestido; llego preguntando por Jossie la pequeña hija de Cruella Hiram: hola, otra vez yo… ¿estará Jossie? Cruella: Hiram… ¿Qué carajos haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Cómo sabes dónde vivo? Hiram: eso es lo de vemos vine a ver a Jossie, puedo entrar A lo que Cruella respondió: -No, ¿qué es lo que buscas? Hiram: solo quiero ver a mi pequeñita... Cruella: no está, iba de camino a la escuela por ella. Hiram le pidió amablemente que fueran juntos, a pesar de su disgusto, Cruella accedió. Para terminar de arreglarse, Cruella tomó su labial rojo, se miró al espejo y decidió Colorear sus labios con su tono favorito “rojo cereza” , tomó su bolsa negra. Ambos salieron del apartamento y se fueron en la camioneta roja de Hiram. Cruella no deseab...