¿A quién piensas matar? by Astrid
Y apagué la camioneta. Era la favorita de mi mamá; color rojo cereza que nos recordaba esas intensas puestas de sol. Encendí mi cigarro para sentir esa primera calada de humo espeso recorriendo mis pulmones, y me dispuse, ya más tranquila, a reflexionar sobre el atroz acto que acababa de cometer.
Me miré en el espejo sin poder reconocerme; procedí a guardar la pala y la cuerda en la parte trasera de la camioneta. Limpié el cuchillo en mi camisa favorita y saqué la bolsa negra para guardar los restos: los restos de este amor maldito, los restos de estos sueños, los restos de estas palabras dichas y todo lo que quedaba de nosotros.
Te maté. Ya no estás más; te guardé y te enterré hasta en lo más profundo. Y, aunque me pese, no me arrepiento.
Te vi, te vi de lejos. Siendo realistas, no sé por qué lo hice, pero me pareciste una buena víctima: solo, desorientado, frágil. Así que lo hice. Me llené de valor y simplemente te apuñalé. Aunque no fue mi primera opción, ¿sabes?
Lo primero que pensé fue en pasarte por encima con mi camioneta roja; pero, por el color, tal vez llamaría demasiado la atención. También pensé en torturarte, en amarrarte con mis cuerdas, quemarte con cigarros, desollarte con mi espejo… ya sabes, lo típico de un desquiciado. Sin embargo, lo que salió en el momento fue clavarte mi cuchillo; hacerte consciente de la cantidad de litros de sangre que corren dentro de ti.
Después de eso, ya no hubo diversión. Se había acabado la emoción. Así que solo puse tus restos, bien distribuidos, en una bolsa negra; y, con la pala, comencé a excavar..
Comentarios
Publicar un comentario