El eco de existir by Evangelina

 Recibí el diagnóstico y mi cuerpo temblaba. Todo se quedó en silencio,

como si el tiempo se hubiera detenido. Las palabras del médico retumbaban en mi

cabeza: “fallo renal terminal”. Un eco seco, definitivo. Sentí que el aire se me iba

y que mis planes, mis sueños, se deshacían como polvo en el viento.

Salí a la calle y todo me parecía distinto. El sol no brillaba igual, los pasos de la

gente eran lejanos, como si caminara en otro mundo. No había futuro claro, no

había promesas de mañana. Solo una certeza: la fragilidad de cada segundo.

Cerré los ojos y, por primera vez, dejé de pensar en lo que no alcanzaría, en lo que

me faltaba. Me dije a mí mismo: “no importa el tiempo, no importa el fin, solo

existo”.

Respiré hondo, sintiendo cómo el aire llenaba mis pulmones, cómo mi corazón aún

seguía latiendo. En ese instante, sin pasado ni futuro, descubrí la fuerza de estar

presente.

Abrí los ojos y, con una calma serena, susurré:

“Solo vivo”.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Porque ya lo hice by Jacqueline Romero

El veneno en el cigarro by Itzanamy