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Mostrando entradas de marzo, 2025

Donde me dejaste by Jamel

Nunca imaginé que las palabras pudieran cortar más hondo que un cuchillo, pero aquella noche lo entendí de la peor manera. Andrés y yo habíamos sido amigos desde 5 años atrás. Casi se podría decir que nos vimos crecer emocionalmente y madurar. Pero aquella noche me demostró que un amigo, por cercano que sea, puede hacerte un daño peor que un arma. Esa noche recuerdo perfecto que sentía algo extraño, esperaba a Andrés en un bosque solitario, yo no fumo, sin embargo, decidí encender un cigarro porque había escuchado que sirve para los nervios, sin entender por qué tenía un presentimiento tan extraño... De pronto, como si fuera predestinado, Andrés apareció frente a mí tan rápido que aún no logro descifrar cómo lo hizo, su mirada expresaba tal furia que jamás había visualizado en nadie antes, sentí pavor, ¿qué ocurre? Pregunté con la voz entrecortada. "¿Qué estabas haciendo con él?", preguntó Andrés enfurecido. Yo aún temblaba sin saber el por qué de su reacción o cual había sid...

Mi color favorito: rojo by Regina

Puedo asegurar que fui un niño como todos, o casi. Nací de dos padres que se dedicaban a la medicina, médico él, enfermera ella. Como ambos ejercían sus profesiones asistí desde temprana edad a una guardería a la que llegaba cada mañana en una flamante camioneta roja. Los colores formaron mis primeros recuerdos, especialmente el rojo, que además de ser un color primario se convirtió en mi preferido. Y de ahí, todo lo rojo: las fresas, las manzanas, los tejados de las casas, los palos chinos con los que me encantaba jugar, las pelotas y canicas, mi mochila y mi lonchera. Mis dos primeros regalos de cumpleaños importantes, un triciclo y una bicicleta fueron rojos también, pero entonces los escogí del rojo que prefería: el rojo sangre. Algunas tardes me llevaban al parque a andar, primero en mi triciclo, y cuando fui mayor, en mi bici. Al manubrio de ambos vehículos iba siempre, atada a una cuerda, una bolsa negra que contenía cualquier clase de frutos rojos y un termo con agua de sandía ...

Victoria by Rachel

Las sogas que desde el campanario tiraban de las campanas, irrumpía la vida con su metálico eco que anunciaba el paso del tiempo que se desvanecía tenuemente entre la ciudad de irregulares y empedrados callejones, que llevan entre las casas que deambulan en este mundo desde 1570, una vieja ciudad que entre su arte y arquitectura barraca evoca el pasado, un pasado que siempre alcanza al presente. Esa mañana los rezagos de lluvia se deslizaba entre las canaletas de las casas y caía hasta deslizarse por las calles, envolviendo a todo el pueblo. Cerca de la plazuela principal se halla una casa en particular, con balcones que dan hacia la calle principal y desde aquellas ventanas se asoman las cúpulas de la catedral de Guanajuato. Poco a poco y con la llegada del amanecer, el sol comenzó a abrirse paso entre las espesas nubes que cobijaban al pueblo, hasta que aquellos tenues rayos de luz alcanzaron la casa y entraron por las ventanas hasta encontrar el rostro de Victoria, fue entonces cuan...

El reflejo de la nada by Lara

Ana siempre fue un murmullo entre el ruido del mundo, una sombra sin cuerpo, un soplo de aire que nadie detenía. Pasó su vida sintiéndose más un eco que una persona. Hablaba y nadie respondía. Caminaba y nadie giraba la cabeza. Era un fantasma en carne y hueso, atrapado en un mundo que nunca la reconoció como parte de él. Pero esta vez, dejaría una marca. Su última huella sería imposible de ignorar. La noche era cerrada cuando llegó al viejo granero. La luna, su única testigo, iluminaba la camioneta roja que su hermano abandonó junto con ella. Llevaba consigo una bolsa negra con todo lo necesario: una cuerda, un cuchillo, un espejo, un cigarro… y una pala. Respiró hondo y hundió la pala en la tierra húmeda. Cada golpe contra el suelo era un latido que se le escapaba del pecho. Cavaba sin prisa, con la certeza de quien ya ha tomado una decisión. No sabía si lo hacía para desaparecer o para renacer en otra forma, una que tal vez alguien llegara a ver. Cuando el agujero fue lo suficientem...