Donde me dejaste by Jamel

Nunca imaginé que las palabras pudieran cortar más hondo que un cuchillo, pero aquella noche lo entendí de la peor manera.

Andrés y yo habíamos sido amigos desde 5 años atrás. Casi se podría decir que nos vimos crecer emocionalmente y madurar. Pero aquella noche me demostró que un amigo, por cercano que sea, puede hacerte un daño peor que un arma.

Esa noche recuerdo perfecto que sentía algo extraño, esperaba a Andrés en un bosque solitario, yo no fumo, sin embargo, decidí encender un cigarro porque había escuchado que sirve para los nervios, sin entender por qué tenía un presentimiento tan extraño...

De pronto, como si fuera predestinado, Andrés apareció frente a mí tan rápido que aún no logro descifrar cómo lo hizo, su mirada expresaba tal furia que jamás había visualizado en nadie antes, sentí pavor, ¿qué ocurre? Pregunté con la voz entrecortada.

"¿Qué estabas haciendo con él?", preguntó Andrés enfurecido.

Yo aún temblaba sin saber el por qué de su reacción o cual había sido el detonante, comprendí que esa mirada estaba llena de celos, celos de su amiga que supuestamente veía como su hermana o eso creía yo.

"Aquí están todos los años de amistad que creíamos indestructibles, ya no puedo ni quiero cargar esto" - dijo Andrés.

Sentí un golpe en el pecho, aunque no hubo contacto físico.

"Aquí entierro todo lo que fuimos y lo que sentí por ti, quedará tan adentrado en la tierra que jamás podrá recuperarse" -dijo Andrés.

Tomó una pala y comenzó a cavar. Yo sólo lo miraba congelada, sintiendo cada palada como un golpe, no era la tierra lo que removía, era la amistad que estaba sepultando ante mis ojos.

"Nunca pensé que serias tan cruel" -susurré

"Yo tampoco" –dijo aún con su mirada tan fría, envuelta aún en furia.

"No entiendo qué está pasando" -dije con voz temblorosa.

"Eso es lo que más me molesta de ti" -dijo con una mueca torcida. "Siempre crees que entiendes todo pero en realidad nunca has visto las cosas como son".

Ahí comprendí que la única que veía una amistad era yo, él simplemente esperó pacientemente a que la amistad se transformara en algo más.

Él lanzó una bolsa negra que previamente había cerrado con una cuerda, al agujero como representación de que dentro de esa bolsa yacían miles de recuerdos, risas, llantos. Finalmente la cubrió con tierra. Luego sin más subió a su camioneta roja y arrancó, dejándome sola en la oscuridad.

Su expresión era un espejo roto de la persona que había sido. Vi reflejos de un viejo amigo, pero entre las grietas había algo oscuro que yo no reconocía.

El silencio de la noche rompió con un susurro que no debería existir.

-No logre salir, ¿verdad?

El corazón se me detuvo y sentí un frio agonizante en mi espalda.

El terror me paralizó, Andrés nunca estuvo allí.

La camioneta roja, la bolsa, la pala, todo se desvaneció como polvo en el aire.

Andrés no sobrevivió porque fui yo quien lo dejó morir.

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