Niña by Gigi



Hace algunos años, cuando era niña, me gustaba ver los atardeceres sentada en el borde de la ventana de mi cuarto. Me imaginaba como se sentiría volar, pasar sobre las nubes, sentir el viento en mi cara. Pero todo se esfumaba cuando me llegaba el olor a cigarro de mi papá, hacía que perdiera mi concentración y relajación. Con ese olor, sabía que había llegado de trabajar y corría a abrazarlo. Sin embargo, aun día no llegó, y sus cosas ya no estaban en la casa, mi mamá nunca supo decirme que pasó, simplemente desapareció. Desde ese día, en lugar de ver por la ventana e imaginar cosas divertidas, solo me asomaba para ver si algún día regresaría mi padre.

Un día, mientras me arreglaba frente al espejo, se escuchó un estruendo en la calle, era una carambola de coches, ocasionada por un conductor que parecía ebrio. Él se veía ileso pero algo desorientado, de alguna forma, el conductor era mi padre, no sabía cómo, no sabía porque, ya que en lo que yo sabía de él, nunca aprendió a manejar. Para mi sorpresa, no estaba solo, tenía una familia en el coche, familia por la que nos había dejado a mi madre y a mí. Ahora todo estaba claro, mi papá no desapareció, simplemente nos abandonó por otras personas.

Al darse cuenta, que estaba muy cerca de su antigua casa, decidió gritar lo más fuerte que pudo para que lo ayudaran, trataba de revisar a los otros involucrados en el accidente, sin embargo, no había respuesta de ellos. Buscaba algo para poder romper los vidrios de la camioneta roja en la que viajaba y salvar a su nueva familia. Con las pocas fuerzas que le quedaban intentó golpearla con una piedra pero fue inútil. Desesperado por salvarlos tocó el timbre de la casa para que alguien le abriera y pudiera buscar algo que le ayudara, al no recibir respuesta decidió patear la puerta hasta que logró abrirla y entró hasta la cocina. Agarró lo primero que vio, un cuchillo pensando que por lo puntiagudo iba a poder romper las ventanas de la camioneta, y para mi sorpresa lo logró, pero para la de él no tuvo éxito al salvarlos, los ató a una soga y poco a poco los jalaba para sacar los cuerpos sin vida de la camioneta. Poco a poco vi como sus ojos se llenaban de lágrimas, y sus piernas se tambaleaban, no entendía el desastre que había provocado.

Mientras llegaban las ambulancias y las patrullas, él seguía en el piso, tirado, desconsolado, gritaba al ver como metían a su familia en bolsas negras, como los subían a las camionetas para llevárselos. Los oficiales y bomberos estaban recogiendo la pedacería con una pala, para subirla a los camiones de escombros, su pobre camioneta roja estaba desecha. Mientras eso pasaba, yo escuchaba como gritaba y se lamentaba por lo que había pasado, pedía ser él quien sufriera y tuviera las heridas. Ya no sabía qué hacer y su ansiedad le estaba ganando, prendió uno de sus míticos cigarros para tratar de relajarse, y después de mucho tiempo nuevamente me sentí relajada y tranquila al oler el humo de su cigarrillo como cuando era niña.

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