Mi madre y mi abuelo by Fer Marmolejo

 Mi madre es el fuego que aprendió a arder sin pedir permiso. De ella tengo el filo que abre camino, la voz que no se quiebra cuando se trata de defender lo que ama, la mirada que sostiene los sueños aunque tiemblen. Ella me enseñó a elegir, a decir “hasta aquí”, a poner el cuerpo y el alma por lo que realmente importa.


Mi abuelo, en cambio, es la brisa que me acaricia el rostro cuando dudo. De él tengo las manos suaves que escuchan sin hablar, la bondad que no presume, el amor que no exige. Él me enseñó que la ternura no es debilidad, que el cariño también sostiene, que uno puede ser firme sin dejar de ser cálido.


Integrar estas dos fuerzas fue como pararse frente al espejo después de una tormenta: ver los ojos del abuelo y la voz de mamá en mi reflejo… reconocer que soy ambas cosas. Que no tengo que elegir entre fuerza o amor, entre decisión o ternura. Que mi sombra ya no me asusta porque sé de dónde viene, y mi luz ya no me deslumbra porque sé quién me la dejó encendida.


Hoy sé que soy una historia tejida con dos hilos distintos y perfectos: el de mi madre, que me empuja, y el de mi abuelo, que me abraza.

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