La chica de derecho by Jorge de la Garza

Jueves 27 marzo 16:30

Llegando a la universidad, el policía Roberto, muy relajado como siempre, haciendo como que veía la credencial para dejarnos pasar. Subo las escaleras para entrar al lobby de la escuela y al momento choco con una persona de un aspecto misterioso, de cabello largo un poco obscuro; diría yo algo castaño, unos ojos cafés penetrantes que parecían te robaban el alma al verlos.

De repente al chocar con ella, me da un papel con una nota que me dejó por un momento helado, pero del cual ahora no puedo recordar mientras narro esto; Lo que sí recuerdo es bajar unas escaleras que me conducen a un pasillo largo, en el cual del lado derecho está la cafetería, siguiendo el pasillo observo paranoicamente los salones de mi derecha, subo las escaleras y me dirijo a mi salón.

Recuerdo que había un mensaje, el mismo del papel, algo así como recuerda lo que hiciste…lo que hicieron…. Realmente es muy vago esto último.

En el salón de enfrente un maestro se veía preocupado; de hecho, todas las caras que veía antes de subir al salón se veían bastantes preocupadas, como en esas escenas de películas donde incluso, hasta hay algunas personas llorando y otras consolando. Al parecer en el salón de enfrente se había perdido alguien. Mariana no aparece, la última vez tomó su camioneta Groove roja saliendo de la universidad y no la volvieron a ver; eso alcancé a escuchar mientras trataba de leer antes de que empezara la clase, pero nadie de mis compañeros llegaba.

Después de mucho tiempo llegó al salón Julián, de estatura media, igualmente de una mirada penetrante, seguro de sí mismo, sobrio y el cual tiene obsesión por los casos policiales; de hecho, ese día perdió parte de su seriedad para contarme el nuevo chisme misterioso de la universidad: - “¿ya te enteraste, güey?, una chava de derecho algo le pasó”-. Le pregunté que quién era. - “es ella”-, enseñándome su foto; me quedé helado, comencé a tener un ataque de ansiedad porque minutos antes me había entregado un papel al chocar. O eso pensaba.

La clase comenzó 7:20 porque comenzamos a platicar sobre el caso, pero mientras se hablaba de la perversión, de la neurosis y psicosis y cómo se constituyen cada una de ellas; me volvieron a dar ataques de pánico, empezaron a darme sensaciones de hormigueo en los brazos, sudoraciones en las manos y temblores incontrolables porque comenzaron a parecer en mí, vagos recuerdos sobre una cuerda y de nueva cuenta el papel que me dio aquella chica.

La clase continuaba y eso también acrecentaba mi pánico, pues poco a poco se iban aclarando; de repente me disocié y recordé que una semana antes que salimos pasadas las diez, salí después de todos mis compañeros, pasé al baño como de costumbre y al lavarme las manos, sentí cómo con fuerza, me estrellaban en el espejo del baño; sacudido por el fuerte golpe y después de volver a mí, salí un poco confundido y trastabillando me reincorporé y ahora recuerdo aquel aroma a cigarro que quedaba como estela de aquel sujeto que huía.

M vista un poco nublada me hizo fijarme en uno de los salones del piso donde me encontraba, había una cuerda que seguramente por la rapidez de la huida la habían dejado, pero esa cuerda me llevaba hacia el salón, camine aún un poco desorientado y solo pude ver una bolsa negra, de ahí ya no recuerdo nada más.

Julián me da una especie de sape, y me dice – vente vamos a la café-, otro compañero Nicolás, me dice -cómo andas Max, te veo medio pálido-; es la hora del receso y aún me sentía fatigado por los ataques de pánico de la clase, mientras bajamos, alcanzo a percibir un olor a cigarro, no es fuerte pero sí persistente, el mismo olor del cigarro de aquel día, volteo a mi izquierda al bajar las escaleras y en el primer salón estaba una figura alta, rígida, recta, moviendo con gran ímpetu las manos hablaba algo de derecho y las problemáticas de las desapariciones en el México actual, ese olor provenía de ahí y el nerviosismo de nuevo se apoderó de mí, son esos olores que te producen inquietud.

10:00 PM

Por fin la clase se acaba, fue muy desgastante, entre el bullicio de ver a gente sollozar y la clase que te produce caigan los veinte, pero sobre todo por recordar las cosas que pasaron hace una semana. Salgo un poco desanimado de la universidad y mientras los demás compañeros hablaban, decido pedir un Uber a mi casa, es una camioneta roja la maneja una mujer.

Al llegar la camioneta, me subo doy el código de seguridad para que comience el viaje y reconozco la voz que me dijo -buenas noches Max, gracias, inicio el viaje- volteo a ver la imagen de la chofer en la aplicación y me quedo frío; al mismo tiempo llega un mensaje de la misma chofer en la aplicación diciendo “vamos a estar bien” y un emoji de un cuchillo; mi corazón comienza a latir con fuerza; mi mano derecha agarra con fuerza la manija de la puerta y mi mirada se queda viendo al infinito en dirección hacia el retrovisor donde solo alcanzo a ver ese cabello castaño muy parecido al de la chica desaparecida, la camioneta  arranca a toda velocidad y de reojo observo que ella voltea sonriendo.

Y ahora no sé por qué tengo una pala en la mano observando fijamente a donde están descansando las tortugas que habitan en mi Universidad.

 

 

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