El silencio de la eternidad by Vale

En un reino lejano, donde las flores eternas florecían bajo la luz de la luna, había una joven llamada Luna, era una princesa con un corazón puro y una sonrisa radiante. Sin embargo, Luna estaba destinada a vivir una experiencia que cambiaría su vida para siempre.

Un día, mientras paseaba por el jardín, Luna encontró a la Dama de la Noche, una figura misteriosa con un velo negro y una corona de estrellas; la Dama le reveló que era la encargada de recoger las almas de los seres vivos cuando llegara su hora. Luna, curiosa y valiente, pidió acompañar a la Dama en su misión, la dama aceptó, y juntas viajaron a través del reino, visitando a aquellos cuyo tiempo en la tierra había llegado a su fin.

En su viaje, Luna conoció a un anciano sabio que había vivido una vida llena de amor y sabiduría. Al partir, dejó tras de sí una estela de recuerdos y sonrisas. Luego, visitaron a un joven guerrero que había muerto en batalla, dejando una familia que le lloraba.

Al acabar, Luna se dio cuenta de que la muerte no era un final, sino una transición; cada alma que se iba dejaba atrás una huella de amor, recuerdos y lecciones aprendidas. La Dama de la Noche le explicó que su trabajo era guiar a las almas hacia la siguiente etapa de su viaje.

Una noche, la Dama llevó a Luna a un prado donde las flores eternas florecían en todos los colores del arcoíris, en el centro del prado, había un árbol majestuoso con ramas que se extendían hacia el cielo.

La Dama le dijo: “Este es el Árbol de la Vida”; aquí las almas se reúnen antes de partir hacia su próximo destino, cada flor representa una vida, y cada rama, una conexión entre las almas.

Luna vio a las almas de aquellos que había conocido, reunidas en el árbol, compartiendo historias y risas, entendió que la muerte no era una separación, sino una celebración de la vida vivida.

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