El reloj de las lágrimas by Lorena
Había una vez una princesa llamada Leia, quien jamás debía llorar, pues su madre le advertía
que cada lágrima robaba belleza y vida, decía que las lágrimas "desgastaban su belleza".
Leia tenía un hermano, quien desde niño competía por la atención de sus padres,
endureciendo su corazón y siempre dispuesto a señalar cualquier debilidad en su hermana. Un
día, Leia fue sorprendida por su hermano, derramando una lágrima en secreto. Como castigo,
sus padres la encerraron en una habitación con un reloj antiguo, advirtiéndole que cada
lágrima derramada sería tiempo perdido de su vida.
Desesperada y confundida, Leia pasaba los días y noches en aquel encierro, tratando de
reprimir el dolor que se acumulaba en su pecho. Pero cada tic-tac del reloj se hacía más
fuerte, recordándole sus lágrimas escondidas. Pronto, empezó a sentir que el reloj hablaba,
como si le susurrara las emociones que sus padres le habían prohibido. Tic. Tac. Dolor. Tic.
Tac. Miedo.
Una noche, con el eco de cada segundo resonando en su mente, comprendió que cada
momento que reprimía su dolor, estaba perdiendo parte de sí misma.
Cuando al fin la puerta se abrió, sus padres encontraron sólo el reloj. La imagen de Leia, una
sombra de lo que había sido, estaba atrapada tras el cristal, una figura borrosa que nunca
dejaba de llorar.
Dicen que quien escucha atentamente, aún oye en el tic-tac del reloj las lágrimas de la
princesa, contando los segundos de una vida nunca vivida. Y aquellos que se acercan
demasiado a oír sus susurros, se llevan con ellos el peso de su pena.
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