El despertar de una luz by Bren
Había una vez, en un reino muy lejano, una princesa llamada Elda. Aunque vivía en un castillo
hermoso, rodeada de jardines de flores y árboles frutales, Elda sentía un vacío en su corazón. Su
padre, el rey Erland, era el hombre más fuerte y respetado del reino. Sin embargo, él siempre
estaba ocupado con sus asuntos y rara vez tenía tiempo para Elda. Aunque ella intentaba todo
para llamar su atención, parecía que nada era suficiente.
Un día, después de ver a su padre partir sin siquiera mirarla, Elda decidió que debía volverse tan
fuerte y valerosa como él. Tal vez así, pensaba ella, su padre la vería y estaría orgulloso.
Así que, en secreto, Elda comenzó a entrenar. Ella se escapaba todas las noches hacia el Bosque
Sombrío, donde, con una espada de madera y un arco improvisado, practicaba hasta que sus
manos dolían y sus músculos se agotaban. Con el tiempo, sus habilidades crecieron, y no sólo en
el manejo de las armas. Aprendió a moverse en silencio, a escuchar el murmullo de los árboles y
a ver en la oscuridad.
Un día, un dragón enorme apareció en el cielo, lanzando llamaradas que asustaban a toda la
aldea. Elda vio cómo las llamas pintaban el cielo de rojo y supo que era su oportunidad. Tomó su
arco, sus flechas y su espada, y corrió hacia el dragón con valentía.
Con gran precisión y destreza, Elda lanzó una flecha tras otra, esquivando las garras del dragón y
luchando con todo su valor. Los habitantes de la aldea se quedaron asombrados ante su destreza.
Incluso su padre observaba desde lejos. Elda sintió que su corazón se aceleraba de emoción, pues
creía que finalmente había logrado ganarse su admiración.
Pero cuando el dragón fue finalmente derrotado, su padre sólo le lanzó una mirada fría y le dijo:
“Eso no es trabajo para una niña. No te atrevas a hacer algo así de nuevo”. Elda sintió como si su
corazón se rompiera en mil pedazos. Su valentía y esfuerzo no significaban nada para él.
Llena de tristeza, se adentró en el bosque que la vio crecer. Las lágrimas rodaban por sus mejillas
mientras se recargaba en un árbol, sintiendo que todo su esfuerzo había sido en vano. Pero en ese
momento, una anciana misteriosa apareció y se acercó a ella con amabilidad.
La anciana, con una voz suave, pero firme, le dijo: “Querida niña, veo en tu corazón un gran
poder, pero también una gran tristeza. ¿Qué buscas en este bosque tan oscuro?”
Elda bajó la cabeza y respondió: “Sólo quiero que mi padre me vea y se sienta orgulloso de mí.
Quiero que me ame como yo lo amo a él.”
La anciana asintió con comprensión. “Entonces te haré un regalo. Esta linterna tiene la capacidad
de iluminar hasta los rincones más oscuros. Pero debes saber algo: el poder de la linterna sólo se
activará cuando reconozcas tu propio valor y descubras que no necesitas la aprobación de nadie
para ser fuerte.”
Confundida pero agradecida, Elda aceptó la linterna y regresó al castillo. Esa noche, durmió
profundamente, y en su sueño se encontró en un campo de batalla. Frente a ella había una
enorme sombra con la forma de un dragón. Sabía que esa criatura era el reflejo de sus miedos: el
miedo a no ser suficiente y a nunca obtener el amor de su padre.
Pero Elda miró la linterna y recordó las palabras de la anciana. Se plantó firme y miró al
monstruo a los ojos. “No necesito que ni mi papá, ni nadie me vean como soy para ser fuerte. Yo
sé lo que valgo.”
Con esas palabras, la linterna brilló con más fuerza, y el monstruo comenzó a desvanecerse. La
luz no eliminó al monstruo por completo, pero a medida que su luz crecía, el dragón se hacía más
pequeño, hasta que Elda lo vio como lo que realmente era: una ilusión creada por su propio
dolor. En ese momento, Elda comprendió que su valor y su amor propio no dependían de nadie,
ni siquiera de su padre.
Al despertar, sentía una paz que nunca había experimentado. Esa mañana, se acercó a su padre,
ya sin miedo en el corazón. Él la miró sorprendido, pero esta vez, Elda no buscaba aprobación en
su mirada; ella sabía que su fortaleza y valentía eran reales, sin importar lo que otros pensaran.
Desde entonces, ella se convirtió en una inspiración para muchas niñas y niños de la aldea,
demostrando que no siempre necesitas la aprobación de otros para ser valiente y fuerte.
Se convirtió en una líder, fundando una escuela para convertir niñas en guerreras, con el
objetivo de que descubran su fuerza y luz interior, diciéndoles siempre: “La luz más fuerte es la
que brilla desde dentro.”
-B
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