Espejo by Lorena Flores
Veo mi reflejo en el espejo desgastado de la sala, sólo veo una simple fría imagen: un hombre
de cabellos despeinados con sonrisa ambigua. Me asemejo a una alfombra manchada por
secretos olvidados. Me pregunto si, al otro lado, hay algo más que ese abismo que me
observa con ojos vacíos. Pero, el espejo no miente, sólo me mira, retorcido, mostrando mi
esencia más oscura, lo que siempre he sido.
Un eco, un chasquido de mi cigarro encendiéndose, me regresa a la realidad. Las tijeras
brillan bajo la luz tenue de la luna, como si me gritaran que están listas para hacer lo suyo. En
el rincón más oscuro de la casa yace una bolsa negra, quieta, paciente, esperando el momento
preciso para ser liberada.
No hay vuelta atrás.
Decido salir a la oscuridad, donde la luna es mi única testigo. Tomo la pala, que se siente
pesada, como el peso de mis decisiones, y la llevo a la camioneta, que espera estacionada,
lista para llevarme a mi destino, con el motor ronroneando como si supiera lo que está por
llevar. Miro la cuerda, tan simple y tan útil, me hizo recordar que todo tiene un propósito, que
todo es parte de esto.
Al llegar al lugar, comienzo a cavar en la tierra fría y húmeda. Cada golpe en la tierra es un
latido, un renacer. Coloco la bolsa negra en el suelo, la abro, y lo que queda dentro, lo que
alguna vez respiró, ahora sólo es un artefacto de mi locura, un testigo de mi arte.
Mis manos empiezan a temblar, pero no de miedo. Es el placer de haber llegado hasta aquí,
de saber que el espejo reflejó al autor de mi propia obra maestra.
El espejo, una vez más, mostró la verdad.
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